Las protestas en Irán han experimentado un aumento considerable durante la noche del viernes, según imágenes que circulan en redes sociales, a pesar de la estrategia del gobierno de bloquear el acceso a internet y las líneas de comunicación internacionales para controlar la situación. Este movimiento represivo responde a una ola de manifestaciones que iniciaron a fines de diciembre, denunciando la crisis económica profunda que atraviesa el país y que se ha convertido en el desafío más serio para el régimen en años recientes.
El líder supremo, ayatolá Alí Jamenei, vinculó la situación a la intervención extranjera, acusando al expresidente estadounidense Donald Trump de tener «las manos manchadas con la sangre de iraníes». Durante su discurso frente a una multitud en Teherán, seguidores suyos corearon consignas contrarias a Estados Unidos. Simultáneamente, medios estatales describieron a los manifestantes como «terroristas», lo que podría anticipar medidas represivas tan severas como las empleadas en reprimendas anteriores, en contraste con el compromiso de Trump de respaldar a manifestantes pacíficos mediante el uso de la fuerza si fuera necesario.
Jamenei criticó vehementemente a los manifestantes por, según él, «arruinar sus propias calles para favorecer al presidente de Estados Unidos», refiriéndose a la promesa de apoyo externa expresada desde Washington. En su alocución, también indicó que es preferible que Estados Unidos se ocupe de sus asuntos internos. Por su parte, el jefe del sistema judicial iraní, Gholamhossein Mohseni-Ejei, advirtió que las sanciones contra los manifestantes serán «decisivas, máximas y sin concesiones legales».
En respuesta a la creciente violencia, funcionarios europeos como el canciller alemán Friedrich Merz, el primer ministro británico Keir Starmer y el presidente francés Emmanuel Macron emitieron una declaración conjunta. En ella, condenan enérgicamente la violencia letal contra manifestantes y exhortan al gobierno de Irán a garantizar el derecho de expresión sin temor a represalias.
El expresidente Trump ha reiterado en múltiples ocasiones que Estados Unidos podría responder contra Irán si los manifestantes son víctimas fatales, opinión que ganó relevancia tras la operación militar estadounidense para capturar a Nicolás Maduro en Venezuela. Trump sugirió que cualquier acción militar estadounidense no implicaría tropas terrestres sino un ataque contundente en puntos críticos para Irán. Manifestó además que la situación del país se ha complicado por el control creciente de algunas ciudades por parte de los ciudadanos, un fenómeno que consideró inesperado. Advirtió a las autoridades iraníes contra iniciar disparos, advirtiendo que Estados Unidos respondería de igual forma.
Aunque Irán ha restringido el acceso a internet y las comunicaciones externas, pequeñas grabaciones hechas por activistas muestran a manifestantes reuniéndose alrededor de hogueras y gritando consignas antigubernamentales en distintas regiones, incluidas áreas de Teherán. Estas protestas continuaron durante la madrugada del viernes, a pesar de las advertencias de seguridad para que las familias mantengan a los jóvenes vigilados dentro de sus hogares. En un video difundido, se observa un incendio en un suburbio al norte de la capital, con presencia masiva de personas coreando consignas que incluyen «¡Muerte a Jamenei!»
Estas movilizaciones también representan una prueba de influencia para el príncipe heredero Reza Pahlavi, quien convocó a manifestaciones en horas específicas durante el jueves y viernes, alentando a la población a salir a las calles. Su llamado incrementó el protagonismo de las protestas y se han escuchado consignas a favor del antiguo régimen monárquico en algunas manifestaciones, algo que anteriormente podía implicar graves consecuencias para los participantes.
La violencia relacionada con las manifestaciones ha cobrado al menos 65 vidas y provocado más de 2.300 arrestos, según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos. Holly Dagres, investigadora de un instituto estadounidense especializado en política de Medio Oriente, atribuye el incremento en la intensidad de las protestas al llamado de Pahlavi y advierte que el bloqueo de internet fue impuesto para impedir que el mundo visibilizara las manifestaciones, lo que también podría haber facilitado la acción letal de las fuerzas de seguridad.
Durante las protestas del jueves por la noche, minutos después de las 8 p.m., distintos sectores de Teherán estallaron en cánticos con mensajes contra la dictadura y a favor de la monarquía. Antes del corte de las comunicaciones, miles de personas se congregaban en las calles. Pahlavi solicitó ayuda a Trump para proteger a los manifestantes, calificando el apagón de internet como una estrategia del régimen para eliminar a quienes defienden la causa popular.
El bloqueo de las comunicaciones también afectó el desempeño de agencias de noticias estatales y semiestatales de Irán. La primera información oficial sobre las protestas fue emitida por televisión estatal en la mañana del viernes, incluyendo imágenes de fuerzas leales al gobierno movilizándose en motocicletas por Teherán. El medio oficial acusó a los manifestantes de provocar incidentes violentos al incendiar vehículos privados, estaciones de metro, camiones de bomberos y autobuses. Informó además de seis muertes en Hamedán y dos en Qom durante los disturbios. Asimismo, informaron sobre protestas emergentes en Zahedán, en la conflictiva provincia de Sistán y Baluchistán.
En suma, la atmósfera social, política y de seguridad en Irán se encuentra altamente tensa, con una combinación de protestas populares, restricciones severas a las comunicaciones y presiones internacionales, moldeando un escenario incierto para el futuro inmediato del país y generando una amplia preocupación sobre posibles repercusiones en sectores económicos y geopolíticos.