En Jerusalén, la creación de una Junta de Paz encabezada por el presidente Donald Trump ha experimentado una notable expansión en su alcance y miembros invitados. Originalmente concebida como un pequeño grupo de líderes para supervisar el plan de alto el fuego en Gaza, la iniciativa se ha transformado en un comité con ambiciones más amplias, apuntando a mediar en conflictos internacionales, actuando casi como un consejo alternativo al Consejo de Seguridad de la ONU.
La expectativa es que se revelen más detalles durante una presentación en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, donde el propio Trump participará en un anuncio formal sobre esta junta. Adicionalmente, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu confirmó su participación en el comité, superando sus previas críticas hacia el grupo ejecutivo encargado del alto el fuego en Gaza.
Hasta el momento, los estatutos formales de la Junta de Paz no han sido difundidos públicamente. No obstante, un borrador filtrado obtenido por una fuente diplomática europea y confirmado por un funcionario estadounidense destaca un fuerte predominio del control por parte del presidente Trump. Según este documento, la membresía permanente estaría condicionada a una contribución financiera de 1.000 millones de dólares.
Visión extendida más allá de Gaza
Ahora el gobierno estadounidense parece concebir la Junta de Paz como un organismo de mayor envergadura, con la finalidad de abordar conflictos globales mediante un enfoque innovador y audaz. En las cartas de invitación enviadas a varios líderes mundiales, Trump hizo énfasis en la necesidad de un organismo internacional de pacificación que sea más eficiente y capaz de asegurar la paz en regiones donde ésta ha sido inalcanzable.
El borrador de estatutos subraya la necesidad de apartarse de estructuras tradicionales consideradas ineficaces, proponiendo un organismo valiente y ágil para la consolidación de la paz. El presidente de la junta, quien según Trump será él mismo, tendría amplias facultades, incluida la invitación de Estados miembros, resolución de empates en votaciones, y la creación o disolución de entidades subsidiarias.
La financiación de la Junta de Paz recaerá en los aportes económicos de los Estados miembros, que cumplirán mandatos de tres años. Aquellos que contribuyan con más de 1.000 millones de dólares en su primer año obtendrán un asiento permanente en la junta, según se establece en el borrador en revisión que podría sufrir modificaciones importantes.
Participación global y rechazos
Hasta la fecha, una variedad de países a nivel mundial han aceptado formar parte de esta iniciativa, entre ellos Israel, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Vietnam, Kazajistán, Hungría, Argentina y Bielorrusia. También se sabe que han sido invitados líderes de Paraguay, Canadá, Egipto, Turquía, Rusia, India, Eslovenia, Tailandia y la Comisión Europea. La respuesta oficial del Kremlin indica que están revisando los detalles y buscarán mayor claridad en futuras comunicaciones con Estados Unidos.
Por otro lado, algunas naciones aliadas de Estados Unidos han declinado participar. Francia, en particular, ha expresado su desacuerdo con el concepto de la Junta de Paz, señalando que aunque apoyan el plan de paz de Estados Unidos, se oponen a una organización que sustituya a Naciones Unidas. Esta postura ha generado intercambios públicos entre Trump y representantes franceses.
Estructura y comités asociados
La Casa Blanca ha comunicado que existirá una junta ejecutiva encargada de llevar a cabo la visión de la Junta de Paz. Entre sus miembros figuran el secretario de Estado de Estados Unidos Marco Rubio, el enviado presidencial Steve Witkoff, Jared Kushner, Tony Blair, Marc Rowan, Ajay Banga y Robert Gabriel.
Asimismo, se ha establecido una Junta Ejecutiva específica para Gaza, que será responsable de implementar la segunda fase del alto el fuego, que incluye el despliegue de una fuerza internacional de seguridad, el desarme de Hamás y la reconstrucción de la región. Este comité está compuesto por figuras internacionales y regionales clave, bajo la supervisión del enviado búlgaro Nickolay Mladenov y diversos representantes palestinos, israelíes y árabes.
También se coordinará un comité de tecnócratas palestinos dedicado a la gestión cotidiana de los asuntos en Gaza, subordinado a la junta ejecutiva para asegurar el cumplimiento efectivo de los acuerdos.
En conjunto, esta propuesta configura una estructura compleja con la intención de influir en la resolución de conflictos en Oriente Medio y potencialmente en el ámbito internacional, aunque se mantienen preguntas sobre su aceptación y viabilidad dentro del sistema internacional vigente.