En un anuncio reciente, la Secretaría de Medio Ambiente de México comunicó un 'ajuste' en la delimitación de la zona protegida destinada a la conservación de la vaquita marina, el cetáceo más en peligro de extinción a nivel mundial. Esta revisión busca encontrar un balance entre la preservación de esta pequeña marsopa y la continuidad de las actividades pesqueras que se desarrollan en el extremo norte del Golfo de California, zona también conocida como mar de Cortés.
El cambio fue acordado en una reunión que involucró a diversas instancias del gobierno federal, autoridades de los estados de Baja California y Sonora, representantes locales y organizaciones de pescadores. Desde hace aproximadamente veinte años, se ha aplicado protección a la región donde habita la vaquita, un área que se ha ido restringiendo a su porción más septentrional. Esta protección incluye una zona de tolerancia cero, donde se prohíbe totalmente la pesca, y un área más amplia donde la pesca es permitida pero con la restricción de prohibir el uso de redes de enmalle para evitar que las vaquitas queden atrapadas.
A pesar de estas prohibiciones, la pesca ilegal con redes de enmalle persiste, principalmente en la captura de la totoaba, un pez de tamaño similar a la vaquita. La vejiga natatoria de la totoaba es altamente valorada en mercados ilegales en China, y su comercio está vinculado a redes de crimen organizado que obtienen importantes ingresos en esta región.
El resultado de estas actividades ha sido un declive continuo en el número de vaquitas avistadas. En 1997, los registros indicaban alrededor de 600 ejemplares, un número que contrasta notablemente con la cifra estimada en 2024, de apenas entre siete y diez individuos tras una expedición realizada en septiembre del año anterior. Sin embargo, existe la expectativa de que esta caída haya podido estabilizarse hacia 2025.
Dentro del acuerdo recientemente alcanzado, se reduce el área en la que está prohibido el uso de redes de enmalle, pero se contemplan controles más estrictos para asegurar el cumplimiento efectivo de esta prohibición. Enrique Sanjurjo, integrante de la organización Pesca ABC, que impulsa una pesca sostenible compatible con el entorno, destacó que si estos controles se implementan verdaderamente, podrían representar un avance, ya que calificó la situación previa, con regulaciones de papel y tolerancia hacia ilegalidades, como lo más perjudicial para la región.
Lamentablemente, no todas las opiniones son favorables. El Centro para la Diversidad Biológica, una organización ambientalista ubicada en Arizona, México, expresó que esta medida implica un retroceso en las estrategias de conservación. Alex Olivera, representante de la organización, argumentó que al reducir la zona protegida, se estaría entregando vastas porciones del hábitat de la vaquita a los métodos de pesca que la han puesto al borde de la extinción. Subrayó que estos mamíferos marinos no se restringen a límites geográficos fijos y que estudios científicos han confirmado la presencia de vaquitas fuera del área definida como de tolerancia cero.
Además, Olivera alertó sobre otras disposiciones del acuerdo, tales como la apertura de canales para la navegación dentro de la zona de prohibición y la autorización para la pesca nocturna, prácticas que anteriormente estaban vetadas. Estas modificaciones podrían dificultar los esfuerzos por controlar la pesca ilegal en estas aguas sensibles.
En contraparte, el gobierno mexicano sostiene que el nuevo acuerdo promoverá un avance significativo en la protección de la vaquita marina, a la vez que aborda una cuestión de justicia social para las comunidades del Alto Golfo de California que dependen de la pesca para su subsistencia.